Con motivo del cierre de temporada 2021-2022, el CMSP organizó una salida de fin de semana consistente en la ascensión al Mulhacén, el techo peninsular.
A continuación compartimos con vosotros la crónica de uno de los asistentes, nuestro compañero Antonio.

Siete Lagunas – Mulhacén

Por Antonio Rodríguez Ortega

El atardecer nos cogió en la vertiginosa y serpenteante carretera de acceso a Trevélez. Atrás dejábamos bonitos pueblos de la siempre sorprendente y mágica comarca de Las Alpujarras, como el bonito pueblo de Lanjarón con sus incontables fuentes y su singular balneario asomándose a la montaña.

Una vez instalados tocaba coger fuerzas para al ascenso del día siguiente a Siete Lagunas. Nada mejor que unos buenos platos alpujarreños donde no faltaba “energía en estado puro”: chorizo, jamón, huevos, patatas… Eso sí, acompañado de unas fresquitas cervezas granadinas.

Al día siguiente nos levantamos temprano para esperar a Antonio, conocido mulero de este pueblo que, con sus caballos, facilita la subida de las cargas más pesadas a los montañeros. Por supuesto, no dejamos pasar un buen desayuno con jamón curado de Trevélez.

Una vez cargadas las mulas y durante el desayuno tuvimos la grata sorpresa de que Pepe (hijo) se incorporaba al grupo y éramos ya los siete que iniciábamos camino a la cumbre: Rut, Lola, Adolfo, Pepe, Pepe- (hijo), Márquez y Antonio.

A pesar de lo avanzado de la época estival, tuvimos mucha suerte con el tiempo y el calor fue benévolo con nosotros. Algunas fuentes y alguna que otra cascada nos refrescaron el camino.

Una vez llegados a Siete Lagunas, tras el esfuerzo físico, unos tentempiés y como no podía ser de otra manera en este Club, se propuso la subida a la Alcazaba. Esos buenos y experimentados montañeros como son Adolfo, Márquez, Pepe y Pepe (hijo) no renunciaron a hacer doblete en este estupendo fin de semana y fueron por esta temprana cumbre antes de iniciar al día siguiente el verdadero motivo de esta aventura, el Mulhacén.

A la vuelta de este peculiar y exigente pico y antes de que se hiciera de noche, se montaron las tiendas para pasar la noche. Hicimos grupo para la cena y degustación de todo lo que habíamos subido, bueno, que habían subido los caballos. Por supuesto no faltaron unas cuantas botellas de vino consumidas a una temperatura optima gracias a la refrigeración que nos daban las gélidas aguas del lago que teníamos en frente.

Algunas nubes impidieron ver ese magnifico cielo estrellado a la hora de dormir que es solo privilegio de lugares como este donde la luz artificial queda a kilómetros de distancia. El frío no hizo presencia apenas en la noche, pero sí algunas ráfagas de aire que movían las cubiertas externas de las tiendas.

Nos levantamos sobre las siete de la mañana, recogimos las tiendas, algo de desayuno y comenzamos el ascenso. La imagen del sol saliendo entre los picos era espectacular. Próximos a hacer cumbre el viento quiso castigarnos un poco y hubo que abrigarse dado que a estas alturas el viento siempre lleva frío.

Al llegar arriba, en cualquier montaña, siempre invade la emoción de haber hecho un buen trabajo y este pico tan espectacular no era para menos. Bonitas fotos de grupo y sin perder mucho tiempo emprendimos la bajada.

Se formaron algunos grupos para la bajada y se dio libertad para imprimir el ritmo que cada uno quisiera. Creo que los primeros en llegar, sin entrar en valorar el estado físico (je, je…) fueron los que más deseaban esa helada cerveza en cualquier bar de Trevélez.

Poco a poco llegó el resto del grupo y el grifo de cerveza tuvo su trabajo. Una buena comida, recogida de los bultos que traían los caballos y rumbo a casa.

Fin de semana genial donde se echaron momentos muy buenos con todo el grupo. Momentos, como siempre, para repetir.


Club Montañero Sierra del Pinar

Subiendo montañas desde 1971

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