Todos tenemos momentos en la vida que recordamos con especial cariño e intensidad, suelen ser experiencias compartidas con amigos o familia en lugares fuera de casa y el verano es la estación preferida, el fin de semana de la actividad de cierre de temporada ha sido uno de esos momentos.
Desde mi llegada al albergue todo indicaba que iba a ser especial, ver a Faustino dibujando en su cuaderno era un buen presagio.
Fuimos llegando por separado pero con las mismas ganas, una primera subida a la virgen de las Nieves, otro paseo a los peñones de San Francisco, algunos ya con una Alhambra en la mano, para disfrutar de la puesta de sol, el ron Pálido de Motril haría su entrada después de la cena para la cuadrilla de veteranos.
Como siempre el personal del albergue con Paco el guarda a la cabeza nos recibió y nos distribuimos en las habitaciones, tú aquí, yo allí y Porrones ¿donde?.
Daba igual, todos esperábamos la cena y las charlas y risas de costumbre.
Por la mañana algunos deseaban haberse ido a dormir antes, tras el desayuno y con las mochilas preparadas recordamos en la lanzadera nuestros tiempos escolares, solo no faltó cantar.
Nos bajamos en las posiciones del Veleta con un día espléndido tanto en temperatura como en visibilidad, Franky nuestro guía nos comentó datos montañeros e históricos sobre el lugar y nos hizo las recomendaciones oportunas, a partir de ahì estableció un ritmo que nos llevó hasta la cumbre del Veleta disfrutando del camino.
El paisaje a nuestro alrededor, no por conocido era menos apabullante, siempre con la atenta vigilancia de los colosos Mulhacén y Alcazaba y el cerro de los machos a nuestros pies, divisamos un horizonte de picos, valles y neveros que son el nacimiento de varios ríos como el Darro, Trevelez, Lanjarón, Andarax y otros, como toda ascensión tiene su novedad en este caso contamos con que Loli Alcón coronaba su primer tresmil lo cual celebraremos adecuadamente a la vuelta.
Tras las fotos de rigor iniciamos la bajada hacia el refugio de la Carihuela, tan solo hace unos días que algunos valientes lo han despejado de nieve con palas para su utilización, la nieve está tan dura a su alrededor que cuesta clavar los bastones.
Con el primer tentempié rememoramos sentados en la puerta del vivac la foto del Rockefeller Center pero a más de 3000 m. de altitud.
Vamos charlando constantemente con grupos de montañeros y aficionados durante el recorrido que nos lleva circunvalando hacia los Lagunillos de la ermita.
Durante el descenso atravesamos grandes neveros con precaución al no ir equipados con crampones ni piolet pero sin ningún contratiempo, a nuestra izquierda asoma el fraile de Capileira, el paisaje está salpicado de pequeños lagunillos, neveros y zonas de césped de un verde esmeralda, una de las cuales elegimos para la parada del almuerzo, nos distribuimos en las zonas secas cada uno a su aire, Faustino aprovecha para tomar una magnífica fotografía de un túnel de hielo generado por el deshielo.
Sobre las dos de la tarde reiniciamos la marcha rodeando a media ladera el circo donde nos encontramos y cabecera del río Dílar para buscar la laguna de las yeguas y la pista que nos lleva hacia el camino de retorno al albergue al que llegamos después de pasar por el monumento a la virgen de las nieves y su altar, una imagen más pequeña estuvo algunos años en la cumbre del Veleta, pero no aguanto los embates de la climatología y se decidió colocarla aquí en enero de 1966.
La alegría tanto por el entorno como por la compañía era patente, la terraza del albergue fué el escenario de charlas e historias amenizadas con cervezas, cafés y tres botellas de Cava para celebrar el primer “tresmil” de Loli, lo que dio pie a transportarnos a tiempos pasados con anécdotas y recuerdos, fuimos levantándonos cada uno a la ducha o a descansar un rato antes de la cena pero todo continuaría hasta bien avanzada la noche incluso después de la cena, en el bar.
La mañana del domingo nos dividimos en dos grupos, los que por deberes partían directamente a Jerez y los que por la tortuosa carretera del Seminario Diocesano bajamos a la vía verde (antiguo trazado ferroviario) de la sierra a dar un paseo y refrescarnos en sus aguas los que quisieran, después de un refrigerio en el restaurante Maitena acordamos comer a la entrada de Huétor Tájar y allí nos distribuimos definitivamente en los.coches para volver a Jerez donde todos llegamos sin novedad tras un fin de semana de los que hacen afición y compañerismo.
Texto: José Antonio Rios Pan. imagenes: distintas personas del grupo1


























































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