Un fin de semana de montaña, convivencia y muchas anécdotas en el Valle del Genal
Como apertura de la temporada, el Club Montañero Sierra del Pinar celebró los días 16, 17 y 18 de octubre su acampada inaugural en el Valle del Genal, un entorno privilegiado donde la naturaleza, la tranquilidad y la belleza del paisaje invitan a disfrutar de la montaña de una manera especial. Un fin de semana fabuloso en el que disfrutamos de la naturaleza, recorrimos algunos de los rincones más atractivos de la zona y, sobre todo, volvimos a compartir esos momentos de convivencia que hacen que pertenecer al club sea mucho más que salir a caminar.
Un nuevo comienzo entre montañas, naturaleza y compañerismo.
La acampada volvió a ser mucho más que una actividad para dar inicio al calendario montañero. Fue, sobre todo, una oportunidad para reencontrarnos después del paréntesis estival, compartir unos días fuera de la rutina y recuperar esas conversaciones que, entre caminos y senderos, forman parte de la vida del club. Porque si algo caracteriza a nuestro colectivo es que la montaña nos reúne, pero la amistad y el compañerismo son los que nos mantienen unidos.
El camping del Genal se convirtió durante el fin de semana en nuestro punto de encuentro. Entre la llegada de los compañeros, la organización de las actividades y los preparativos para las jornadas siguientes, se fue creando ese ambiente familiar tan propio del club, en el que cada momento compartido acaba convirtiéndose en parte de una experiencia común.
El programa incluyó dos propuestas de senderismo para descubrir los paisajes de la zona y disfrutar de sus caminos. El Valle del Genal, con sus castañares, alcornoques, encinas y helechos, ofreció el marco perfecto para caminar sin prisas, respirar aire puro y contemplar la riqueza natural de uno de los rincones más atractivos de nuestra geografía.
Viernes, 16 de octubre. Comienza la convivencia
El viernes, un grupo de compañeros nos adelantamos al resto para ir inspeccionando el terreno y familiarizarnos con el entorno. Y, como no podía ser de otra manera, aprovechamos la ocasión para entretenernos recogiendo castañas, una actividad que nos permitió empezar a disfrutar de los encantos del valle incluso antes de que llegaran todos los compañeros.
Sobre las ocho de la tarde ya estábamos instalados en los cuatro bungalós que ocuparíamos durante el fin de semana. Y entonces llegó uno de esos momentos que, sin estar programados, terminan convirtiéndose en los más recordados de una salida.
Sin demasiados preparativos ni organización previa, entre todos improvisamos una mesa en el porche de uno de los bungalós. Cada cual fue aportando lo que tenía o lo que le apetecía compartir, y así, de manera espontánea, montamos nuestra primera cena de convivencia. No hacía falta mucho más: algo de comida, ganas de conversar y la alegría de volver a encontrarnos.
La cena transcurrió en un ambiente distendido, entre conversaciones, bromas y los inevitables chistes de “Porrones”, que hicieron que las risas estuvieran aseguradas. Fue una de esas veladas en las que lo importante no es lo que hay sobre la mesa, sino las personas que se sientan alrededor de ella.
Así, entre aportaciones de unos y otros, anécdotas y buen humor, quedó inaugurado nuestro particular fin de semana montañero.
Sábado, 17 de octubre. Caminos, pueblos y paisajes del Genal
El sábado tocaba ponerse las botas y disfrutar de la montaña. A las nueve de la mañana iniciamos la ruta prevista, dispuestos a recorrer los caminos que nos llevarían hasta Benarrabá y a descubrir algunos de los rincones más bellos del Valle del Genal.
Desde el camping comenzamos caminando por un sendero paralelo al río. La vegetación nos acompañaba a cada paso, con castaños, alcornoques, encinas, helechos y otras especies propias de estos parajes. El otoño empezaba a dejar su huella en el paisaje, aportando esos colores y aromas que convierten al Genal en un lugar especialmente atractivo para caminar.
Al poco de iniciar el recorrido nos encontramos con una cancela que llevaba un cartel de prohibido el paso. A pesar de aquella advertencia, el itinerario que teníamos previsto continuaba por allí, así que atravesamos el lugar y seguimos adelante, adentrándonos en el camino que nos conduciría hacia Benarrabá.
A partir de ese punto comenzó una subida progresiva que nos acompañaría durante buena parte del recorrido. Una ascensión de esas que parecen dar una pequeña tregua cuando aparece algún tramo más llano, pero en las que, en realidad, siempre se termina ganando altura. Entre pendientes, falsos llanos, paradas para contemplar la inmensidad del este precios Valle, fuimos avanzando hasta alcanzar Benarrabá.
Ante nuestras vistas aparecen los pueblos blancos de Genalguacil, Jubrique y Algatocín, este es un rincón donde la naturaleza se viste de infinitos verdes, las montañas abrazan los pueblos y el tiempo parece detenerse para contemplar tanta belleza.
La llegada a Benarrabá supuso una buena oportunidad para hacer un alto en el camino y disfrutar de un merecido descanso y también del encanto de este bonito pueblo. Allí paramos para picotear algo, refrescarnos con alguna que otra bebida, reponer fuerzas y compartir un rato agradable antes de continuar con la ruta. Porque en nuestras salidas no todo consiste en sumar kilómetros: también hay que saber detenerse, disfrutar del lugar y dejar que la jornada transcurra sin prisas.
Después de la pausa, retomamos el recorrido. Tras salir de Benarrabá, descendimos por una pista y, la foto de rigor de todo el grupo, más adelante, tomamos a la izquierda el sendero ornitológico, un tramo que nos permitió cambiar de paisaje y continuar disfrutando del entorno natural.
La ruta nos fue mostrando distintas perspectivas del valle, con sus laderas cubiertas de vegetación y sus caminos serpenteantes. A cada paso quedaba patente la riqueza natural de esta zona, donde los bosques y los pueblos blancos se integran en un paisaje que invita a regresar.
El recorrido continuó hasta la zona de la charca de la Escribanía y el prado del Descansadero, donde pudimos hacer la parada comer, descansar y disfrutar del entorno. Hubo incluso tiempo para darse un baño antes de emprender el camino de vuelta.
Alrededor de las tres y media de la tarde iniciamos el regreso por las pasarelas del Genal, un tramo especialmente atractivo por su proximidad al río y por la sensación de caminar inmersos en plena naturaleza.
Sin embargo, la montaña tenía preparada una última sorpresa. Durante el regreso apareció una tormenta que añadió un punto de aventura a la jornada. La lluvia nos acompañó en parte del camino y nos recordó que, por mucho que planifiquemos una salida, la naturaleza siempre conserva la última palabra.
Finalmente, completamos el recorrido y regresamos con la satisfacción de haber disfrutado de una jornada intensa, de esas que dejan cansancio en las piernas, pero también muchas cosas que contar.
Sábado por la noche. La cena de convivencia
Después de la ruta, la noche volvió a reunirnos alrededor de la mesa, esta vez en el restaurante del camping. Era el momento de relajarse, compartir las impresiones del día y disfrutar de la compañía después del esfuerzo.
Y, como suele ocurrir cuando se reúne un grupo de montañeros con ganas de pasarlo bien, las conversaciones pronto dieron paso a las bromas, los chistes y arrancadas al cante de otros, que volvieron a ocupar su lugar en la velada, provocando risas y alimentando ese ambiente de camaradería que tanto disfrutamos en nuestras salidas.
Porque si durante el día compartimos senderos, subidas y bajadas, por la noche compartimos algo igual de importante: las historias, las ocurrencias y esos momentos que, con el tiempo, terminan formando parte de la memoria colectiva del club.
Domingo, 18 de octubre. La despedida
El domingo amaneció marcado por la lluvia. Las condiciones meteorológicas nos obligaron a suspender la ruta prevista, una decisión prudente ante las circunstancias.
Después del desayuno, llegó el momento de recoger los bungalós, organizar nuestras cosas y despedirnos. La acampada llegaba a su fin, aunque nos quedaba la satisfacción de haber compartido tres días magníficos, con caminatas, encuentros y muchas anécdotas.
Nos marchamos con la sensación de haber aprovechado el fin de semana, a pesar de que el tiempo no nos permitiera completar todas las actividades previstas. Un nuevo comienzo para seguir caminando juntos
La acampada inaugural del Club Montañero Sierra del Pinar cumplió con creces su propósito: dar comienzo a una nueva temporada y volver a reunir a los compañeros en torno a aquello que nos une.
El Valle del Genal nos ofreció sus caminos, sus bosques y sus paisajes otoñales. Pero, más allá de la belleza del entorno y de los kilómetros recorridos, nos llevamos el recuerdo de una mesa improvisada entre todos, de una cena compartida, de los chistes de Porrones y de las risas que acompañaron cada encuentro.
Porque al final, las rutas nos llevan a descubrir nuevos lugares, pero son las personas, las anécdotas y los momentos compartidos los que convierten cada salida en un recuerdo especial.
La temporada ya está en marcha y todavía quedan muchos caminos por recorrer, muchas cumbres por alcanzar y, seguro, muchas historias que contar.
¡Nos vemos en la próxima aventura, compañeros!
Fotografias: Paco Nova










































0 comentarios