Después del preceptivo desayuno en El Bosque y una vez sobrepasada la localidad de Benamahoma, aproximadamente a la altura del kilómetro 36 de la carretera que une El Bosque con Grazalema, llegamos al punto de inicio de esta «particular» circular por el Cerro Albarracín.
Tras rebasar la angarilla de acceso al camino, este comienza a serpentear y elevarse a través de un denso bosque de encinas, madroños y algarrobos que nos mantiene en umbría. A pesar de la humedad y las últimas lluvias, el firme está bien asentado y no hay presencia de barro. De vez en cuando se abre un claro que nos permite contemplar el bello caserío de Benamahoma a los pies de la Sierra del Labradillo.
También, casi desde nuestros primeros pasos, advertimos la imponente figura de nuestra querida Sierra del Pinar, cuya silueta nos acompañará prácticamente durante toda la jornada.
Sin mayor complicación, aunque atentos a un par de bifurcaciones que encontramos, el trazado del camino es fácil de seguir y pronto alcanzamos las ruinas de la Casa del Albarracinejo, también conocida como Cortijo de Las Zahúrdas, donde aprovechamos para reagruparnos y hacer un breve descanso.
Tras reanudar la marcha y sobrepasar una pequeña loma, el camino desciende hasta un gran claro. Espacio utilizado para la siembra de cereal y salpicado de majanos; se trata del conocido como Llano de los Fósiles, paraje ampliamente descrito hace algo más de cien años por Juan Gavala y Laborde en su Descripción geográfica y geológica de la Serranía de Grazalema, libro a disposición en nuestra biblioteca. Frente a nosotros distinguimos el pico del Cerro Albarracín y nos podemos hacer una idea muy aproximada del mayor esfuerzo que va a requerir. Esta segunda parte del camino discurre por una ladera de considerable inclinación. A esto se le va a sumar la mayor presencia de barro.
Los primeros metros de este nuevo sendero aprovechan la erosión de una cárcava producto de las avenidas de agua. A continuación encontramos una bifurcación que tomamos hacia la derecha y, unos metros más adelante, una angarilla que dejamos cerrada a nuestro paso. Gran parte del camino discurre por una senda estrecha y recta ladera arriba. La exposición y el barro hacen que aumentemos la precaución en este tramo. De pronto, con un giro a nuestra izquierda, el camino se vuelve más empinado y comienza a zigzaguear buscando la cima del cerro.
Una vez superada la pendiente, alcanzamos el collado que une las cimas del Albarracín con su vecino el Cerro Ponce. La cumbre del Albarracín se halla en un promontorio rocoso donde la escasa extensión de su superficie y su exposición no permiten la presencia de muchas personas a la vez. Por turnos y valiéndonos de nuestras manos y la ayuda de los más ágiles, realizamos la pequeña trepada hasta la cima.
Sin duda, la modesta elevación de este humilde cerro se ve más que compensada con las vistas que nos regala de las sierras más importantes que tenemos a nuestro alrededor y de gran parte de la provincia. A destacar, al norte, la Sierra del Labradillo; al noreste, la Sierra del Pinar; Endrinal al este; Caíllo al sureste y La Silla al sur. Al oeste, se abre ante nosotros la Campiña de Jerez, los grandes embalses (Guadalcacín, Hurones, Bornos y Arcos) y la Bahía de Cádiz en toda su extensión.
Después de la visita a la cumbre, volvemos sobre nuestros pasos extremando más aún si cabe la precaución al descender hasta la zona abierta de los Llanos de los Fósiles. Hacemos una parada y aprovechamos para comer antes de reanudar la marcha.
Después del receso para comer y recobrarnos del esfuerzo que ha supuesto la bajada, continuamos nuevamente hasta las inmediaciones del Cortijo de las Zahúrdas. Ahora giramos a nuestra derecha para tomar rumbo este y comenzar a rodear el cerro del Albarracinejo dibujando así el trazado circular que nos llevará hasta las proximidades del inicio de ruta. El camino aprovecha el trazado de una escorrentía entre encinas, algarrobos, arces de Montpellier y un sotobosque agradecido por las últimas lluvias.
Llegamos así hasta el área recreativa de los Llanos del Campo, donde volvemos a reagruparnos y tomamos ahora el sendero del Arroyo del Descansadero que nos llevará hasta la localidad de Benamahoma. Pero todavía nos queda algo más por ver…
Molino del Susto
El sendero del Arroyo del Descansadero nos lleva hasta los restos del Molino del Susto, un antiguo molino harinero que aprovechaba el empuje de las aguas del citado arroyo para mover las piedras que trituraban el grano.
La guerra civil, el abandono, el paso del tiempo y los efectos de la humedad y la vegetación que literalmente lo invade, lo han convertido en un conjunto ruinoso con aspecto fantasmagórico; escenario propicio para que proliferen sobre él historias y leyendas además de musgo y frondosos helechos.
Después de la visita al molino continuamos el sendero que nos lleva directamente al casco urbano de Benamahoma finalizando esta circular al Cerro Albarracín. Descansamos y nos relajamos un rato antes de tomar el autobús de vuelta.
Resumen y trazado de la ruta
Elevación máxima: 973 m
Elevación mínima: 407 m
Ascenso total: 568 m
Descenso total: -740 m
1 comentario
Manuel Barea · 27 noviembre 2022 a las 11:52
Excelente recorrido y ruta.
Muchas gracias.